Por Ricardo A. Arrúa, presidente FoPreMi (*)
La libertad de prensa está íntima e indisolublemente ligada a la libertad de expresión e información que constituyen ni más ni menos que la piedra angular de las libertades públicas y el sistema democrático.
Este enunciado bien podría considerarse como verdad de Perogrullo, sin embargo todavía no es entendida en su verdadera magnitud por gobernantes y opulentos de todo el mundo y debe ser enérgicamente resguardada, exaltada y reivindicada por quienes entendemos y valoramos las dos dimensiones de la libertad de expresión: no ser menoscabado e impedido de manifestar el propio pensamiento y también el derecho colectivo a recibir cualquier información y a conocer la expresión del pensamiento ajeno.
Clara demostración de ello es la denuncia formulada por Reporteros sin Fronteras que da cuenta que 60 periodistas fueron asesinados en 2008 en todo el mundo por realizar su trabajo, otros 673 periodistas fueron detenidos y 353 medios de comunicación, censurados.
Pero las violaciones no terminan allí, ya que en muchos países con democracias presuntamente estables y consolidadas, persisten sofisticadas formas de cercenamiento que van desde una inequitativa distribución de la pauta publicitaria oficial, pauperización de los trabajadores del sector y actitudes hostiles, agresiones, descalificaciones constantes que intenta estigmatizar la labor de los periodistas y de los medios de comunicación.
Pero es también menester dejar en claro que la libertad de expresión requiere que los medios de comunicación social estén virtualmente abiertos a todos sin discriminación, que sean plurales “per se”; pero por sobre todas las cosas, que no existan individuos, grupos o colectivos apriorísticamente restringidos al acceso a tales medios. Es decir, medios que se comporten como instrumentos para esa libertad y no para coartarla.
El ínclito lingüista y escritor Noam Chomsky dijo alguna vez: “Si estás a favor de la libertad de expresión, eso significa que estás a favor de la libertad de expresión precisamente para los puntos de vista que no compartes, de otra forma, no estarías a favor de la libertad de expresión.”
Para quien no la valorice en su verdadera magnitud la expresión de Chomsky, es bueno recordar que esa convicción le valió al intelectual norteamericano más de un dolor de cabeza, cuando treinta años atrás, en 1979, firmó un petitorio para que el gobierno francés garantizara esos derechos de Robert Faurisson, un profesor universitario que fue intimidado, amenazado y agredido por grupos antifascistas y finalmente suspendido de la enseñanza en la Universidad de Lión por escritos que negaban la existencia de las cámaras de gas nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
En respuesta a las críticas recibidas por defender el derecho a la libre expresión de Faurisson simplemente afirmó “es en el caso de aquellas opiniones que son casi universalmente despreciadas y condenadas que este derecho debe ser defendido más vigorosamente”, ¡ Toda una lección!.
Defender la libertad de prensa es defender las informaciones que comprenden noticias y otros datos, cuya veracidad en principio es susceptible de confirmación y defender la libertad de expresión implica defender ideas, creencias, opiniones, proposiciones, peticiones, juicios de valor, críticas o expresiones artísticas, aunque debe quedar en claro que esto puede conllevar al ejercicio del derecho a rectificación o respuesta por parte de otros individuos o colectivos sociales.
El pluralismo, tolerancia y amplitud de criterio en un Estado de Derecho son condicio sine qua non para el ejercicio de la libertad de prensa, pero estos deben darse tanto en el discurso explícito, mediante palabras como en el discurso simbólico puesto de manifiesto por expresiones artísticas, actos y representaciones circunstanciales.
La Corte Interamericana de los Derechos Humanos fue tajante en admitir que “el periodismo es la manifestación primaria y principal de la libertad de expresión y del pensamiento”
Ejemplo paradigmático de esa manifestación es el caso de Lasantha Wickrematunge, un periodista de Sri Lanka al que la UNESCO entregó póstumamente el Premio Mundial de Libertad de Prensa. Con la certeza de que sería asesinado, más tarde o más temprano, este colega buscó expresarse aún después de su muerte y dejó un editorial para que se publicara en el Sunday Leader cuando ocurriera.
El periodista cayó asesinado en el marco de la guerra entre las fuerzas gubernamentales de Sri Lanka perteneciente a la etnia cingalesa y la guerrilla tamil y en el citado editorial publicado el 11 de enero de 2009, tres días después de su asesinato, Wickrematunge resaltó su compromiso y su disposición a dar la vida por la libertad de expresión y de prensa.
Esa libertad, para el editorialista se sintetizaba en el derecho a examinar con detalle el actuar del partido gobernante del país insular ubicado al sureste de la India, con la misma intensidad con la que lo hizo cuando el grupo opositor estaba en el poder.
Los periodistas buscamos que los 3 de mayo se conmemore mucho más que un mero aniversario de la declaración de Windhoek, sobre la promoción de una prensa africana independiente, adoptada en 1991 en Namibia.
4 de mayo
http://www.lineacapital.com.ar/?articulo=447
Queremos que en los mismos se revalorice la pluralidad de voces en un trabajo que a veces no es comprendido, de un colectivo tan querido como vituperado, a la vez que reafirmamos nuestra férrea voluntad de movilizarnos – con diálogo, con honestidad y con objetividad- en pro del respeto a la libertad de expresión, el derecho a la información y la dignidad en el ejercicio de nuestra profesión.
(*) Foro de Trabajadores dePrensa y Comunicación Social de Misiones